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viernes, 20 de abril de 2012

Jacob Lorenzo

El poeta Jacob Lorenzo acaba de publicar La señal, libro que ha merecido el VIII Premio de Poesía Joven Félix Grande. Una de las secciones se titula "Aquí", y la componen una serie de haikus que me dedica. Me ha costado escoger sólo uno, ahí va:

                    El aire mece
                    el columpio vacío.
                    Yo soy el niño.

lunes, 27 de junio de 2011

Rafael Fombellida

Higos por la merced
para Josep M. Rodríguez                                  

En el suelo, un puñado
de higos madrugadores
revueltos sin mirar. Estás tendido
sobre perfolla rubia de maíz. Perezosa
se agudiza tu sangre al caldo del sobrado.

Con mínima presión, entre el pulgar y el índice 
revientan las cabezas diminutas
su delicado encéfalo recubierto de sombra,
su pezón embutido de dulzura.

Buena merced el fruto acostado en la boca,
la breva de San Juan, el higo setembrino,
la mora dándose sin armonía.
Jubiloso lugar que, en su tejido, envuelve
de un músculo menudo,
su madrigal de vida.

Segrega el ofrecido seno abierto
un alma blanda, franca leche, gotas
cuajadas en su ampolla.
Dormita todo
alrededor, las bestias encerradas,
la humedad inconsciente de la hembra,
acero derretido bajo un tejado al sol.

La suerte te bendice.
Lleva al tacto
las disímiles drupas, y a la cruz
de tu garganta, el núcleo mordido.

Y vuelve a ser mortal probando el fruto
donado sin querer
y degustado sin merecimiento.

(en Canción oscura, Pre-Textos, Valencia, 2007)

jueves, 16 de junio de 2011

Lorenzo Oliván

Lunas negras de jazz

a Celina, Pere Rovira, Pere Pena, Lorenzo Plana, Txema Martínez, Josep 
Maria Nogueras y Josep M. Rodríguez: giraréis en mis noches.

Extraías de un trozo de papel
negras lunas brillantes que buscaban
su eje de rotación, para arañar
su son de esferas planas, pitagóricas.

Aquel círculo hipnótico
abría un blando pozo hecho temblor:
un deslizante pasadizo al mito.

En el surco, un galope
de trompetas de piedra, saxos ebrios
devorando serpientes, contrabajo
subidos por las lianas de los árboles,
pianos deshaciéndose en la lluvia.

Ondeaba una voz
con su seda manchada
como bandera que en el viento crece.
O bien, sonaba rota, aguardientosa,
exhibiendo, sangrante, sus jirones.

Lo negro crepitaba
en la más alta hoguera y, con lo negro,
también tu juventud, tu dicha triste.

Aunque os invada el polvo y seáis polvo,
aunque hagan trizas vuestra luna en sombras,
aunque os nieguen espacio en que rotar,
giraréis en mis noches, viejos discos,
marea enfebrecida en que lo oscuro
y misterioso de la vida ardía.

( De Libro de los elementos, Visor, Madrid, 2004)

miércoles, 8 de junio de 2011

Antonio Cabrera

Páramos altos
                                         a Txema Martínez y Josep M. Rodríguez

Altos son estos páramos que cruzo,
país de la intemperie. Las sabinas,
con un pétreo porqué,
han tejido sus ramas geológicas
en conos de esmeralda que el aire ensucia y seca.
La calima me roba el horizonte,
encierra el llano abierto en la interrogación.
¿Son así, retraídos, estos árboles?
¿Es polvoriento el cardo? ¿No es de un lila inocente?
¿Es tan moroso el vuelo de las águilas? ¿No concluye?
¿Se ha apagado el charol de las cornejas?
Siempre hay calima. Siempre estamos
en la proximidad más engañosa.
Estamos lejos aunque cerca estemos.
Qué pobre mineral, qué poso tan estéril
hay en lo comprendido.
Existe un sitio adonde escapa todo.

                                                         (De Con el aire, Visor, Madrid, 2004)

martes, 7 de junio de 2011

Josep Maria Nogueras

Matmata
                                                                      a Josep M. Rodríguez

Supo que estaban cerca del desierto.

Acarició la tierra agradeciendo
la tregua que el consuelo le ofrecía
con la contemplación de aquel paisaje
escarpado y secreto.

Entregó sus pupilas al misterio de aquellas
viviendas excavadas en la roca,
a la firme mudez de las mujeres
que molían el trigo en su interior
a salvo de los vientos,
al niño que aguardaba
el gastado fulgor de una moneda.

Y le entregó un fragmento de su alma
a ese paraje, lejos de su hogar.

Más tarde retomaron su camino.
Matmata quedó atrás.

Supo que estaban cerca del desierto.

(De El tiempo de los árboles, Pre-Textos, Valencia, 2004)

martes, 31 de mayo de 2011

Lorenzo Plana

Belleza
                                                        para Josep M. Rodríguez

Salgo de casa y dejo atrás
la tumba de mis padres.
Con el fin de alegrar mi propia tumba
me incrusto en el naranja de los días,
en el naranja azul de amaneceres,
en el naranja de una boca puta.

Consigo enamorarme de una cría
perdida en la repisa de una noche
en la que alguien lamerá su aurora.
La gente rica sabe de la vida.

Soy el gran olvidado del amor,
a pesar de que escribo como un loco
-hirsutamente cuerdo-
a favor de las masas y la masa
encefálica y plena de mi estética.

Así que otorgo a la desdicha amor,
y pido a la nostalgia un polvo a secas,
con el fin obviamente de aplacar
el absurdo copiado del absurdo:
eso que brota de la poesía,
un arte mencionado hasta el amor
en el Libro Sagrado.
Soy joven y me espera el paraíso,
la ausencia de lirismo,
la justicia total,
la negación del arte.

Soy capaz de ensuciar las avenidas
con el hollín de un cielo que amanece
más limpio que la lluvia hacia arriba.

Eso sería entrar en paraísos
que exigen cumplimiento.

                                                  (De Extraño, Pre-Textos, Valencia, 2000)

martes, 24 de mayo de 2011

José Luis González Vera

Cada vez más, al abrir un libro de poemas busco reconocerme en sus palabras, identificarme con los gustos de su autor. No importa que la anécdota o el tiempo en el que vive el poeta sean distintos, porque lo que cuenta son las coincidencias que están más allá de esa anécdota y de ese tiempo. En algunas ocasiones no es posible, claro. Pero en otras sí. Y es en esos momentos cuando la poesía se convierte en la mejor de las intermediarias. Gracias a ella he sumado algunos amigos (porque la amistad siempre suma) con los que coincido, y a los que admiro y quiero. Si alguien tiene curiosidad que le eche un vistazo a las últimas páginas de mis libros de poemas. Como suele decirse, no están todos los que son pero son todos los que están. Pues bien, hoy inauguro una nueva sección o etiqueta del blog: Dedicatorias. Porque algunos amigos han tenido a bien dedicarme un poema, del cual, a partir de hoy, he decidido apropiarme, y empezar a colgarlos en el blog para reforzar su estructura de puente, pero también para (en la medida de lo posible) recomendar la lectura, no ya del poema, si no del libro entero.

                          El surfista
a Josep M. Rodríguez    
                         
                          Alumbra igual origen antídoto y veneno.
                          Son muerte y vida diálogo
                          en boca de un actor enfebrecido.
                          Exhibe el saltimbanqui ante los focos
                          valentía y errores.

                          Resurrección oculta.

                          La adversidad abate los dinteles,
                          pero redime el fruto la hojarasca
                          para que el árbol dócil se desbroce
                          en la nivelación de los cepillos,
                          el lamer de barnices;
                          así como la lluvia ahoga y vivifica,
                          juzgaré cada instante
                          exclusivo portal hacia la incertidumbre,
                          refugio del horror y la belleza
                          indiferentes ante mi delirio.

                          Sobre el mar, el surfista asume el cosmos
                          su condición de calma, de luz débil,
                          victoria frente al viento que me turba
                          como los paraísos y neurosis,
                          o el impulso de aquel constante náufrago,
                          neopreno y algas contra la aspereza.

(De Montaje de autor, Puerta del mar, Málaga, 2009)