martes, 7 de junio de 2011

Josep Maria Nogueras

Matmata
                                                                      a Josep M. Rodríguez

Supo que estaban cerca del desierto.

Acarició la tierra agradeciendo
la tregua que el consuelo le ofrecía
con la contemplación de aquel paisaje
escarpado y secreto.

Entregó sus pupilas al misterio de aquellas
viviendas excavadas en la roca,
a la firme mudez de las mujeres
que molían el trigo en su interior
a salvo de los vientos,
al niño que aguardaba
el gastado fulgor de una moneda.

Y le entregó un fragmento de su alma
a ese paraje, lejos de su hogar.

Más tarde retomaron su camino.
Matmata quedó atrás.

Supo que estaban cerca del desierto.

(De El tiempo de los árboles, Pre-Textos, Valencia, 2004)

lunes, 6 de junio de 2011

domingo, 5 de junio de 2011

Eugenio Montejo († 5 de junio de 2008)

Pavana para una dama egipcia

Yo sé que un día aquí sobre la tierra
no estaré nunca más. Habré partido
como los viejos árboles del bosque
cuando los llama el viento. Y esto que escribo
no me lo dicta apenas una idea
pues ya se ha hecho sangre de mis venas.

También sin meditar suelen los árboles
tener claro su fin. Como toda materia
guarda memoria de su nada póstuma.
No es preciso pensar para decirse
—cada quien a sí mismo— adiós por dentro.
Con ver las hojas en otoño basta;
con ver la tierra allá a lo lejos, roja,
flotando en el abismo, sin nosotros,
se aprende casi todo...

Yo sé que un día con tus egipcios ojos
me buscarás sin verme aquí en la tierra,
y no estaré ya más.
Y no es la mente quien me lo dice ahora,
sino tu cuerpo donde puedo leerlo;
aquí en tus brazos, tus senos, tu perfume,
porque lo eterno vive de lo efímero
como en nosotros el dios que nos custodia
con tanto enigma en su perfil de pájaro
y su vuelo que siempre está a la puerta.

sábado, 4 de junio de 2011

Mediodía / Meio-dia

Tiendo la ropa.
Es una cuerda más
el horizonte.
                     (La caja negra, Pre-Textos, Valencia, 2004)


                                                     Estendo a roupa.
                                                     É uma otra corda
                                                     o horizonte.
(trad. Manuel de Freitas)

viernes, 3 de junio de 2011

Nâzim Hikmet

Hace unas décadas, en España, decir “Nâzim Hikmet” era como ponerle un poco de esperanza a la poesía. No es anecdótico que Gabriel Aresti vertiese algunos de sus poemas al vasco. Como tampoco lo es que Blas de Otero escribiera “Cartas y poemas a Nâzim Hikmet”. También Antonio Gamoneda tradujo los versos de este autor turco nacido en Salónica en 1901. “España es una rosa de sangre abierta en nuestro pecho”, escribió Hikmet. Afortunadamente, uno empieza a tener la sensación de que esos tiempos quedan ya demasiado lejos. Por eso he escogido un texto que nada tiene que ver con el Hikmet más comprometido. La traducción es de Çagla Soykan y Fernando García Burillo (Poemas finales, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2009) y se trata de un poema que escribió unos pocos meses antes de su muerte, que tuvo lugar en Moscú, el tres de junio de 1963.

                   Carta de Berlín

                   Berlín, es de día y hace sol,
                   8 de marzo de 1963.
                   Felicidades, mujer.
                   He olvidado decírtelo por teléfono esta mañana,
                   olvido el mundo cuando oigo tu voz.
                   Muchas felicidades, mi amor.