lunes, 8 de agosto de 2011

Joan Salvat-Papasseit

Ayer se cumplieron ochenta y siete años de la muerte de Joan Salvat-Papasseit, sin duda uno de los poetas más interesantes de la poesía catalana moderna. Me gustaría creer que su temprana lectura me marcó especialmente. O que lo han hecho las constantes relecturas. Ayer estuve dándole vueltas a uno de sus poemas que me sé de memoria, tratando de traducirlo. Pero a medida que trabajaba en el poema, el poema se iba alejando del original. Era cada vez más mío. Supongo que es lo que sucede cuando has dejado madurar tanto tiempo unos versos en tu cabeza. "La libertad no es cara por ser escasa, sino que es escasa porque hay que ganársela", escribió. Pues bien, mientras dejo en el cajón (para que repose) el borrador que escribí ayer, paso a copiaros otro de los poemas que prefiero, en versión de Enric Sullà:

Todo el recuerdo de mañana

Ahora que estoy en la cama
                                          enfermo
                                          estoy bastante contento.
Mañana me levantaré         quizá    
y he aquí lo que me espera:
Unas plazas resplandecientes de luz,
y unas verjas con flores
                                    bajo el sol,
                                    bajo la luna al anochecer;
y la chica que trae la leche
que tiene una cabecita ligera
y lleva un delantalillo
                                con un dobladillo hecho de punto de encaje,
                                y una risa fresca.
Y también aquel chiquillo que voceará el periódico,
y que sube a los tranvías
                                     y baja
                                     corriendo.
Y el cartero
que si pasa y no me deja ninguna carta me angustia
porque no sé el secreto
                                   de las otras que lleva.
Y también el aeroplano
que me hará alzar la cabeza
lo mismo que si me llamara una voz desde una terraza.
Y las mujeres del barrio
                                    madrugadoras
que cruzan deprisa en dirección al mercado
con sendas cestas amarillas,
y vuelven
              que rebosan las coles,
y a veces la carne,
y de otro las cerezas rojas.
Y después el tendero,
que saca la tostadora de café
                                           y empieza a dar vueltas a la manivela,
y que llama a las muchachas
y les dice: ¿Ya lo tiene todo?
Y las chicas sonríen
                              con una sonrisa clara,
que es el bálsamo que sale de la esfera a que él da vueltas.
Y toda la chiquillería del vecindario
que armará tanto ruido porque será jueves
y no irá a la escuela.
Y los caballos sensatos
                                   y los carreteros dormidos
bajo la vela en punta
que danza siguiendo las rodadas.
Y el vino que hace tantos días que no he bebido.
Y el pan,
              sobre la mesa,
y a sopa rubia,
                      humeante,
y vosotros,     amigos,
porque vendréis a verme
y nos miraremos felices.
Todo eso me espera
                               si me levanto
                               mañana.
Si no me puedo levantar
                                     nunca más,
he aquí lo que me espera:
Vosotros permaneceréis,
para ver lo bueno que es todo:
y la Vida
y la Muerte.

1 comentario:

  1. Sin duda tienes un poso, madurado de este poeta. Pero permíteme que prefiera tu madurez.



    AnaT

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